¿Y tú quién te crees?
LA ALEGRIA DE VIVIR
Por OMAR CERVANTES RODRIGUEZ
Este domingo leí una publicación en instagram que me llamó poderosamente la atención y que cito atribuyéndola a su autora, que tituló el texto como “adictos a la aprobación”.
Como especialista en adicciones, además de que es una cuenta que sigo por intereses y creencias personales, inmediatamente me fui al contenido, en virtud de que, en efecto, dentro de la consulta con adictos, codependientes y personas con alguna obsesión compulsiva, la aprobación externa es una constante en gente con una baja autoestima que por diversos motivos requiere la inclusión o validación de los demás.
“Demasiadas veces nuestra vida pública, dentro y fuera de la red, es pura actuación. Ya que vivimos todos los días en el disfraz de alguien en el cual muchas veces no somos realmente y todo por agradar a los demás. En las redes sociales de nuestra época todo los jóvenes quieren ser conocidos pero no completamente”, escribió en su instagram @esteraguaron.pf
“¿No te has preguntado alguna vez por qué publicas ciertas cosas?”, agregó, “si es porque hacerlo porque así te gusta o realmente el fin es que otros puedan ver lo qué haces y tienes y aún lo que quieres vivir de apariencias y demostrarle a ellos”.
Concluye Ester Aguaron que lo que es importante para los hombres no es importante para Dios, citando en la Biblia a 1 Samuel 16:7 y reflexionando que por más que las personas quieran llenarse con toda la aprobación externa de otros, en realidad sus corazones (y sus vidas, agregó yo) no podrán llenar el vacío con el que viven.
Me pareció completamente adecuado este comentario ad hoc a otros que hemos publicado en el sentido de que uno de los riesgos de la comunicación digital es la existencia de vidas virtuales o peor aún, dobles vidas que sólo realizan una narrativa de lo que quieren proyectar, escondiendo muchas veces su realidad o inventando personajes ficticios.
La búsqueda de “likes” es la evidente necesidad de aprobación externa, muy tangible en las personas que pasan checando sus publicaciones para ver cuántos “me gusta tienen” o qué les comentaron los demás, muchas veces también vidas virtuales desconocidas, la mayoría de las veces dibujando imágenes muy diferentes a las de la vida real.
Sin generalizar porque también las redes sociales tienen muchas ventajas y factores positivos, en tales casos como si fuera un maquillaje o una máscara, es bien fácil crear personajes, clichés y frases hechas muy distantes de su vidas cotidianas fuera de las redes u ocultando lo que no les gustaría que otros supieran o conocieran.
Ni qué decir de la tendencia de los “influencers”, muchas veces personajes completamente idealizados fuera de su realidad habitual, que pretenden ser un modelo aspiracional para quienes le siguen.
En algunos casos la libre expresión y exposición llega al extremo que, gente sin escrúpulos, de pronto se promueven cómo coaches de vida, entrenadores fitness, motivadores, gurús y similares, sin haber tenido siquiera la capacitación mínima para ejercer y mucho menos en congruencia con sus realidades.
En este sentido, ayer mismo platicaba con una persona con mucha sabiduría, sobre la necesidad de la gente en nuestra era de depositar su fe en otros seres humanos, en ídolos, superstición, magia o fórmulas milagrosas que llenen sus vacíos, lo cual eventualmente es aprovechado por quienes dicen tener la solución y que, en la era digital, usan las redes sociales como medio de persuasión.
Apartados de la fe y de la confianza en sí mismos, muchos que han decidido alejarse de las iglesias y las religiones, invadidos por el agnosticismo basado en la ciencia, paradójicamente ponen sus esperanzas en estas personas que muchas veces son más doctrinarios y terminan alienando a sus víctimas, sin importar clase social, posición económica o nivel académico.
En nuestra opinión, esta falta de identidad y de seguridad en sí mismos hace a la gente que necesita aprobación externa un grupo tan vulnerable que cualquiera pudiera aprovecharse de esta condición, en la vida real o en la virtualidad de las redes.
¿Y tú quien te crees? Esa es la frase que se nos viene a la mente cuando nos enteramos de las personas que crean imágenes falsas o “plásticas” (producidas) que eventualmente pretenden cautivar a los que lamentablemente necesitan aprobación externa y no han encontrado su camino o su propósito hacia la alegría de vivir.
Cuidado con los lobos con piel de ovejas y cuidado con pertenecer al club de adictos a la aprobación con imágenes virtuales diferentes a su realidad a quienes les diríamos dinos lo que publicas en tus redes y te diremos de qué careces.
ocr@laalegriadevivirsinadicciones.com
Fuente: MILENIO DIARIO PUEBLA

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