Las madres en las adicciones

LA ALEGRIA DE VIVIR

Por OMAR CERVANTES RODRIGUEZ

MILENIO/Puebla

Hablar de adicciones es, necesariamente, hablar del dolor de una madre, ya sea que tenga a un hijo que las padezca o que ella misma haya desarrollado la enfermedad, por lo que al celebrarse este domingo el día de las mamás, consideramos muy oportuno homenajearlas al brindarles información que puede serles de utilidad y cambiar el rumbo de sus vidas.

Ayer en nuestra ya tradicional plática dominical a través de nuestra plataforma de redes sociales, La Alegría de Vivir sin Adicciones, abordamos justo este tema que puede consultarse en la página de Facebook y en el canal de Youtube y en el que tratamos de responder la pregunta de una de nuestras seguidoras: ¿Qué debe hacer una madre que ve que uno de sus hijos se está perdiendo en las drogas?

Si fuéramos directos y quizás hasta bruscos, para no darle rodeos, la respuesta debería ser: atiéndase usted señora, infórmese, conozca las características de la enfermedad de su hijo o hija y sálvese usted misma. Sólo así y sólo entonces, quizás esté en posibilidades de poder ayudar a su descendiente.

¿Y yo por qué si el adicto es el (ella)? ¡Yo vine a que me diga qué hacer con mi hijo (hija), que es quien necesita la ayuda!

Si seguimos explorando, seguramente descubriremos que esta madre entre otros síntomas derivados de la angustia de que su hijo esté en adicción, podría sufrir de insomnio, desesperación, frustración, preocupación constante, nerviosismo, miedo, disturbios alimenticios, colitis, gastritis, sistema inmunológico deficiente traducido en gripes o enfermedades físicas recurrentes, consumo de sustancias como tabaco, tranquilizantes o alcohol y otro tipo de manifestaciones orgánicas, emocionales y mentales.

¿Verdad qué usted también necesita ayuda? Les respondo ante la negativa de atenderse. Y les explico el ejemplo de las máscaras de oxígeno en un avión que cuando caen, debe ser colocada primero la propia y después la del acompañante que requiera ayuda. Se trata de salvar primero a quien suponemos si quiere someterse a un proceso, antes que intentar ayudar al adicto, que podría estar en negación o no desea apoyo de ningún tipo y menos, si viene de la madre.

Así es que estamos hablando de la codependencia de una madre que sufre de la adicción de un hijo o una hija y que en esta parte cultural o sociológica de que las mamás son las cuidadoras de los críos, o las responsables de lo que les pasa, sin mediar razón de en ello, desarrollan desde sentimientos de culpa, en el “qué hice mal” o “por qué a mí”, hasta emociones de frustración porque “darían la vida” porque todo lo malo les pasara a ellas y no a su descendencia.

Este no es un asunto menor, es un asunto que además de cultural y social, hace creer que las madres todo lo pueden, que ellas tienen una solución para todo y que cuando se dan cuenta de que, en el caso de las adicciones no es así, entran en desesperación y angustia que las lleva a enfermarse, a veces más que al propio adicto o adicta, además de su incapacidad para apoyarles.

Por ello es todo un proceso de entendimiento y trabajo con las mamás el que entiendan que mientras no atiendan su codependencia, será muy difícil poder convivir con la enfermedad de sus hijos.

“Es que ya lo castigué, ya le corté el dinero y le quité el carro, ya traté por las buenas, por las malas, ya le supliqué, ya le di la información de un anexo, ya le di unas hierbas que me recomendaron y nomás no quiere dejar de consumir (beber o drogarse)”, son expresiones de madres frustradas por la adicción de un hijo.

Usted, respetable madre de un adicto está luchando contra una enfermedad muy fuerte que la va a vencer si no sabe qué es, cómo se comporta y que alternativas hay como familia para poder combatirla.

Lo primero que hay que hacer es admitir su derrota y ponerse en manos expertas que le acompañen y entender qué es lo que la adicción en el familiar está causando en cada uno de los miembros del sistema.

En los grupos de 12 pasos de Al Anon para familiares de alcohólicos les enseñan a saber que lo único que pueden hacer es cambiarse a sí mismos y dejar de querer cambiar o controlar al adicto, por lo que en sus reuniones de grupo suelen decir “y que empiece por mí”.

Así que, si usted es madre de un adicto, puede ver una luz de esperanza si la ayuda solicitada es para su propia codependencia y que, al producirse un cambio, puede entonces suceder que su hijo quiera cambiar también.

En esta ocasión deseamos hablar del tratamiento para las madres de un adicto, en alguna otra entrega hablaremos de las madres de familia que padecen adicción y de las alternativas familiares especializadas para tratar de apoyar a un enfermo adicto.

Hasta entonces, quedamos atentos como siempre en nuestras redes sociales a todas sus inquietudes, observaciones o preguntas.

ocr@laalegriadevivirsinadicciones.com

Fuente: MILENIO DIARIO PUEBLA

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