Cuidados, sobrecuidados y codependencia

LA ALEGRIA DE VIVIR

Por OMAR CERVANTES RODRIGUEZ

Hasta dónde deben involucrarse y apoyar a otro y en qué momento deben soltar, es una de las preguntas más recurrentes en el consultorio entre los familiares de un adicto o de alguien con un padecimiento mental o emocional, cuando están iniciando el proceso de entender la enfermedad y cómo esta le afecta a cada uno de los miembros del sistema familiar.

Cuando les respondemos con los principios básicos de la codependencia y la adicción, haciendo la diferencia entre el amor firme y el sobrecuidado sin límites, normalmente no entienden y se preguntan cómo es posible que alguien les esté sugiriendo que los dejen sufrir solos.

¿Cómo es posible que me pida que lo deje?, suelen preguntar. La respuesta es que nadie les está solicitando ser autómatas o indiferentes ante la enfermedad del otro, sino más bien entenderla, saber cómo tratarla y, con límites y amor firme, tratar de hacer lo que les corresponde, dejando que el enfermo también haga lo suyo y teniendo fe de que la divinidad o el Poder Superior, como cada uno lo entienda, hará lo que le corresponde.

Recientemente, en una plática que oscilaba en el lado opuesto de la necesidad de cuidar de alguien que está enfermo, nos topamos con el otro polo, de cuando quien padece la enfermedad prefiere aislarse y le pide a los demás que no se acerquen porque considera injusto que ellos padezcan la consecuencia.

En medio de la charla surgió la metáfora de cuando una persona tiene un accidente que cambia su salud e incluso su cuerpo por el resto de sus vidas, lo cual amerita que el resto de sus cercanos aprendan a vivir con esta nueva circunstancia y bajo ningún motivo será momento de abandonar a quien está sufriendo.

Si un familiar o tu pareja o tú tienen un accidente o una enfermedad de esas que nadie desea y cambian la vida para siempre, evidentemente no querrás abandonar, sino que, desde el amor incondicional, aprenderás a vivir ante esta nueva forma que se les presenta y, en muchas ocasiones, incluso serán momentos que terminan uniéndoles más al descubrir nuevos valores que a veces no se aprecian cuando estamos en la zona de confort.

En las intervenciones familiares cuando abundamos en estos conceptos, comentamos que la clave estriba entre saber diferenciar lo que es cuidar con amor incondicional, lo que sobrecuidar y lo que es desarrollar la codependencia y entrar al círculo patológico de las relaciones interpersonales.

Nos gusta, sobre todo en conferencias o talleres, pero también en el consultorio, explicar a través de la metáfora de las mascarillas de oxígeno en un avión. Cuando volamos, antes de despegar, la tripulación nos recuerda de que, en caso de despresurización de la cabina, bajarán las mascarillas con oxígeno, mismas que debemos colocar primero en nosotros y, en caso de estar acompañado de un menor o de un adulto mayor, entonces ayudarles a ellos. En otras palabras, ponernos a salvo nosotros para poder ayudar al otro.



Esa es la metáfora que nos enseña lo que es cuidar con amor incondicional, con responsabilidad y con empatía. Ponerme a salvo yo para poder ayudarte a ti. Dicho de otra forma, evitar hundirme contigo, puesto que uno de los dos debe estar bien para poder levantarse. 

En lado contrario, practicar el sobrecuidado es el inicio de una relación disfuncional en el que el cuidador vive en la angustia y la ansiedad de que el otro esté sufriendo, además de impedir que el enfermo desarrolle las habilidades que debe desarrollar y, por ende, se vuelva dependiente de quien le cuida. Ambos entran en zona de riesgo.

El último nivel, patológico y disfuncional, es el del cuidar por codependencia para ocultar la necesidad del cuidador de controlar al otro, la necesidad de éste en ser rescatado y, por supuesto, el nacimiento del triángulo tóxico en el que se llevan cuentas y se cobran facturas que lo único que hacen es afectar la salud de ambos y destruir la forma sana de relacionarse y la posibilidad de que alguno de ambos evolucione.

Esta reflexión no es exclusiva de hogares donde hay adicciones o enfermedades, sino una invitación a revisar desde donde nos estamos relacionando con los demás en un mundo en el que, como vemos todos los días en las noticias, los valores se han perdido y la descomposición social nos está haciendo mucho daño.

Aprendamos a cuidarnos a nosotros mismos y a cuidar de otros con amor incondicional y sin expectativas, igual que dejemos que otros nos ayuden cuando sabemos que lo hacen con desinterés y sabiendo que ninguno de nosotros puede caminar solo.

Tengamos todos excelente semana.

ocr@laalegriadevivirsinadicciones.com

Fuente: MILENIO

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *