¿Ya no se vuelve a antojar?

LA ALEGRÍA DE VIVIR

Por OMAR CERVANTES RODRIGUEZ

En estas semanas que estamos dando gracias a Dios por 25 años de sobriedad que se cumplen el 14 de febrero, hemos hecho un repaso de las preguntas más originales que nos han hecho a propósito de las adicciones: ¿ya no se te vuelve a antojar? 

Tanto consultantes como familiares y amigos, cuando no alcanzan a entender la enfermedad en su máxima expresión, suelen preguntarnos si ya no se nos antoja el alcohol, el tabaco o la sustancia de preferencia, o bien nos cuestionan en voz baja si “ni siquiera tantito hemos vuelto a consumir”.

Vamos a compartir con nuestros lectores las respuestas tratando de ilustrar lo que sucede en la recuperación de un adicto, no sólo para dar testimonio, sino para tratar con ello de profundizar un poco más para quienes no están familiarizados con esta enfermedad mental llamada adicción o dependencia (a una sustancia o conducta adictiva).

Definitivamente no, ni siquiera tantito alcohol hemos vuelto a beber los que alguna vez padecimos la enfermedad, porque como nos dijeron, una vez alcohólico, alcohólico para siempre. 

La explicación es que la enfermedad es incurable, progresiva y crónica, por lo que la única forma de tratarla es mediante la abstinencia absoluta, ya que si volvemos a hacer contacto con la sustancia,  los neurotransmisores que han sido reprogramados saludablemente, a través del circuito de memoria y recompensa identificarán el consumo del cual se ha sido dependiente y más pronto que tarde se activará invariablemente la enfermedad, sin importar el tiempo que se haya transcurrido “limpio”.

En nuestro caso, en estos 25 años, recordamos un par de ocasiones que por error hicimos contacto mínimo e involuntario con el alcohol, utilizando las técnicas que nos enseñaron para limpiar nuestra boca y organismo, además de encender en nuestra mente la consciencia de enfermedad y poner en práctica también nuestras herramientas mentales y psicológicas para mantener nuestra sobriedad.

Somos, sin excepción, de los que nos adherimos a la idea de qué hay que estar siempre alertas para no consumir “ni a cuenta gotas” ni por equivocación. 

Ahora bien, ¿se nos ha vuelto a antojar? ¡Por supuesto que sí! Somos seres humanos y alguna vez nos gustó consumir. La diferencia es que mientras los primeros meses estar cerca de la sustancia puede ser un detonador del deseo imperioso de consumo y hay que procurar evitarlo a toda costa, por exagerado que parezca, con el tiempo la conciencia de enfermedad es más fuerte que el “antojo” y entran ahí las herramientas para mantener a toda costa la abstinencia. 

Cuando murió mi madre, hace poco más de cinco años, un joven consultante me preguntó: ¿y no bebiste o no fumaste marihuana u otra cosa para el dolor? Mi respuesta fue muy amigable y didáctica. En primer lugar, ningún motivo sería lo suficientemente poderoso para recaer en la enfermedad, en segundo lugar mi madre, a quien estábamos despidiendo, seguramente no vería con buenos ojos una recaída en su funeral. Por último, volver a beber no cambiaría en nada la realidad y mejor vivimos el duelo en vivo y a todo color en cada una de sus etapas, en algunas incluso con apoyo terapéutico y espiritual. 

Al día de hoy, no existe cirugía o medicamento que logre curar una adicción, por lo que lo único que funciona es el tratamiento integral que nos ayude a lograr la abstinencia prolongada día a día y cambiar la forma de vivir que nos llevó al sufrimiento de la enfermedad.

Terapia especializada, programa de 12 pasos, cambio de juicios y actitudes, reestructuración del plan de vida, prevención permanente de recaídas y fe, son algunas de las herramientas para lograr el objetivo. 

En nuestro caso, aunque ningún programa terapéutico debe involucrar los valores o credos personales del terapeuta, la gloria es para Dios y nuestro testimonio es de gratitud por una nueva y mejor forma de vivir.

ocr@laalegriadevivirsinadicciones.com

Fuente: MILENIO

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