Nunca es tarde y tampoco tan temprano

LA ALEGRIA DE VIVIR

Por OMAR CERVANTES RODRIGUEZ

MILENIO/Puebla

Comienzo por agradecer los comentarios y preguntas recibidas en nuestras redes sociales a propósito de nuestro artículo de la semana pasada en el que lanzábamos el desafío de vivir las fiestas decembrinas y comenzar enero en abstinencia de alcohol, drogas, la sustancia de preferencia o la conducta compulsiva o adictiva que pudiera estarle trayendo problemas en su vida.

Si es de los que ya se unió al #challenge una felicitación con el acompañamiento para poder continuar el reto.

Si es de los que se suma antes de finalizar el 2019, bienvenidos a este desafío que puede cambiar su vida y hacerle ver la alegría de vivir.

Y si es de los que está esperando a iniciar el 2020, nuestros mejores deseos de que pueda darse la oportunidad sin mayores consecuencias.

Nos preguntaban sobre todo ¿por qué hacerlo en este momento? La respuesta es simple. Las adicciones no respetan el calendario, nunca es tarde y tampoco tan pronto, cada uno tiene su momento y si ya llegó el suyo, siempre es mejor darse una oportunidad sin importar el calendario a esperar que sus problemas se agraven.

La realidad es qué hay más gente de la que pensamos haciéndose la pregunta aunque sea para su interior: ¿tendré un problema con mi forma de consumir o aún lo puedo controlar?

Si bien la negación es una característica de la enfermedad de la adicción, también es un hecho que muchos adictos antes de pedir ayuda a consciencia, hacen esfuerzos por controlarse y comienzan a preguntarse si tienen o no un problema, sobre todo después de un consumo patológico con consecuencias.

Aunque en los grupos anónimos suelen decir que el adicto es el último que se da cuenta de su enfermedad, como el “cornudo del barrio, mientras que todo mundo ya lo sabe, también es casi una regla que el enfermo en la etapa de la negación comienza a contemplar la posibilidad de estar en un exceso que le está generando muchos conflictos.

Por eso cuando alguien llega por primera vez por orientación, ya sea que alguien lo lleve o que vaya por alguna consecuencia que le hace querer resolver sus dudas internas, usamos una frase muy coloquial en el argot de las adicciones: “nadie se forma en la fila del pan para comprar tortillas, si está aquí es porque algo le trajo”.

Por ello este fin de año calendario en que solemos cerrar el ciclo del año corriente, que algunos realizan toda clase de rituales y abundan las listas de buenos propósitos, muchos de ellos muy estereotipados, quizás valdría la pena tener un diálogo introspectivo consigo mismo y darse la oportunidad de albergar la posibilidad de aceptar una eventual adicción que está limitando su forma de vivir.

Valdría la pena escudriñar los pretextos que le están impidiendo vivir en plenitud y que son también muy predecibles: aún puedo controlarlo, no le hago daño a nadie, todo mundo lo hace, lo dejo cuando yo quiera, tengo mucha fuerza de voluntad, adicto el vecino o el pariente, no tengo ningún problema y así, ad Infinitum.

Algunos dicen, aunque nosotros no estamos de acuerdo en generalizar, que los adictos son muy hábiles en el engaño y el autoengaño, por lo que nos atrevemos a sugerirle que haga ese análisis en consciencia y no se lo diga a nadie, ya que es una información personal que puede mejorarle la vida sustancialmente.

Por supuesto a ello habría que quitarle los estigmas sociales que le atribuyen algún adjetivo negativo o un juicio de valor al adicto que muchas veces se esconde en esas posibles críticas para iniciar su proceso de recuperación.

Nos preguntaban también si las adicciones todas tienen la misma gravedad toda vez que en nuestra sociedad en términos culturales hay unas más estigmatizadas que otras.

Por ejemplo mucha gente se escandaliza más en el uso de sustancias químicas psicotrópicas, mientras acepta el consumo de alcohol o marihuana como algo más normalizado en la comunidad y ni qué decir de quienes ven cómo algo común el apostar o tener una sexualidad poligámica.

Lo que podríamos establecer es que no importa la sustancia de preferencia o las conductas compulsivas en cuestión sino el daño que tienen directamente a la persona e indirectamente en su entorno.

Quizás un alcohólico pueda sufrir más que un cocainómano o un ludópata pueda tener mayores consecuencias que alguien que ingiere químicos, mientras que alguien con conductas sexuales compulsivas pueda vivir en serios tormentos.

Sólo la persona que lo padece y quienes lo rodean saben el infierno que puede llegar a ser su enfermedad por lo que todas las dependencias deben ser abordadas con la misma seriedad.

Sea cual sea su consumo, le invito a que en vísperas a terminar el 2019 y de iniciar el tan sonado 2020 (veinte veinte), se de la oportunidad de tener un diálogo profundo consigo mismo y si reconoce signos de posible enfermedad, pida ayuda de inmediato. Podría ser el momento de dejar las tinieblas y descubrir la luz de la alegría de vivir.

En cualquier caso, nuestros mejores deseos para el año que está por iniciar.

ocr@laalegriadevivirsinadicciones.com

Fuente: MILENIO DIARIO PUEBLA

1.133 comentarios en «NUNCA ES TARDE Y TAMPOCO TAN TEMPRANO»

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